La lluvia es la protagonista de la fría tarde de Mar del Plata y la Feria Invierno propone un espacio cultural para todas las edades; en ese marco, el Teatro Auditorium comienza a llenarse y de sus 400 butacas no queda ninguna vacía. Hay adultos, jóvenes, adolescentes y hasta niños a la espera de que comience la charla. Los pasos sobre la alfombra, los asientos acomodándose y las charlas en voz baja crean un clima perfecto, digno de una película, la película que siempre imagino en mi cabeza, por supuesto. ¿Esto sería el preámbulo a una experiencia que modifique un poco mi vida? En ese film imaginario, por supuesto que sí. Mientras charlo con Sofi y acaricio su panza de siete meses, preparo mi cámara para tratar de retratar algo desde la cuarta fila sin molestar a nadie. 

Lucrecia Martel sale al escenario con el ahora característico bastón junto con Malena Rey y el auditorio se funde en un aplauso que denota orgullo y deseo. Probablemente, el mismo sentimiento que han esbozado lugares como Berlín, Toulouse, Tokio, Río de Janeiro o Buenos Aires cuando la cineasta salteña recibió ovaciones y premios por alguna de sus producciones. Ambas se sientan y preparan un juego de preguntas para comenzar a charlar en el marco de la presentación del libro “Un Destino Común”, de la editorial Caja Negra y editado por la mencionada Rey, y aunque todo decante en conversaciones o palabras pasadas, la temática de todo lo que rodea a Martel es el futuro y cómo podemos avanzar hacia él con cuidado, cuando el pasado es mal estudiado y el presente es indigno. Ambas hablan de lo que han charlado para este libro, conversan también sobre la producción de su reciente y quinta película (y primer documental) “Nuestra Tierra” y la importancia de entablar conexiones con otros humanos. 

Martel y Rey charlando frente a un auditorio lleno

Ella es extravagante y peculiar. No de manera despectiva y tampoco como algo vulgar, sino en cómo se expresa; se ríe, te hace reír y no tiene escrúpulos en lo que tenga ganas de contar. Sabe leer al público y endereza sus palabras según cómo se encuentren todos (en Mar del Plata se encontró con gente más “seria”) y allí dirigió sus ganas, aunque siempre con un chiste de por medio. A veces, Martel se va por las ramas y se olvida de dónde viene lo que está contando, pero siempre retoma el camino inicial (sea por su memoria o por su cuaderno de anotaciones). Y siempre deja algo picando en tu cabeza, algo que quedará plasmado. Y reescribir cada cosa que dijo en esa charla de hora y pico sería absurdo porque no tendría ningún tipo de sentido. Además, ¿cómo contaría un chiste de cierto presidente y su hermana sin el contexto y su gracia? Imposible. Pero sí puedo trasladar las sensaciones y reducir todo a una sola palabra: futuro. ¿Qué nos depara? ¿Cómo lo afrontamos? ¿Qué hacemos para mejorar? Muchas preguntas que ya me venía haciendo internamente mucho antes de que mis pequeñas vacaciones coincidan con esta Feria y este regalo gratuito con Martel y Rey. Preguntas a las que no había encontrado una respuesta clara hasta ahora.

El cómo puedo explicarlo con dos analogías que van hacia el mismo lado que la propia cineasta contó. Comparó la vida y específicamente este presente con el judo y el río. Inesperada conexión pero recordó que en su adolescencia ganó un torneo de arte marcial japonés y habló levemente de cómo se practica este deporte: con paciencia. Su nombre significa “camino lento” y consiste no en atacar a tu oponente sino utilizar la fuerza de sus ataques para redireccionarlo y derribarlo, aplicarle una llave y contraatacar, pero sin utilizar golpes. Luego en otro pasaje de la charla volvió a hablar de lo mismo y sacó el tema ríos, algo que aparentemente la apasiona muchísimo y de cómo, justamente en una ciudad pegada al mar, el agua del Paraná podría ser más peligrosa que el océano mismo. ¿Por qué? Por sus intensas correntadas y diferentes niveles en la que el agua te arrastra, dejando una sola opción como válida para no ahogarte: siendo paciente y nadar dejándote llevar por ella. Aunque parezca la solución, luchar e intentar nadar solo te cansa y no te lleva a ninguna orilla y lo más probable es que termines muriendo en esa intensa batalla.

Para el qué hacemos me quedo con algo proveniente de su última película y cómo la construyó. Al toparse con el video del asesinato de Javier Chocobar, miembro de la comunidad indígena de Chuscagasta, Martel comenzó a interesarse en el tema y se metió en el proceso judicial de este insólito y asqueroso caso de la barbarie humana y argentina a las comunidades indígenas. Pero sin meterme de lleno en la temática principal de “Nuestra Tierra”, Lucrecia habla de cosas puntuales surgidas a través del lerdo proceso judicial y lo tediosos que son los trámites en nuestra república y sugiere una cosa inexorable: la preservación de documentos, ya sean fotos, videos, notas escritas, cartas. Todo. Ella habla de lo injusto que es nuestro pasado y de cómo lo ignoramos fácilmente, pero que muy difícilmente podamos hacerlo si nuestras memorias son preservadas. Por supuesto y partiendo de la base conocida de la urgente falta de una cinemateca argentina para cuidar nuestra historia fílmica y la ignorancia de creer que los pueblos indígenas no guardan nada, Martel se topó con una pieza clave para el caso y era una mujer que tenía archivados miles de datos. La cineasta insistió en que esta actividad es primordial para entender y luchar; insiste también en que una de las actividades importantísimas para esto es la charla con otras personas, la curiosidad de ver qué piensa y qué tiene para decir. 

Ahora para el qué nos depara es la pregunta más difícil de responder porque sería tener un poder de clarividencia y no estaríamos hablando acá. Pero con las herramientas heredadas en las anteriores preguntas y respuestas, podemos suponer que el futuro, aunque incierto, puede ser bueno. Sin dejar de luchar, con paciencia y pruebas, y si hay que poner el cuerpo, también. Todas las “armas” son válidas y quizás encadeno esto con la muerte de Satrapi cuando dijo que “por cada bofetada recibida, yo daría 10 pero nunca sería la primera en pegar”, es una buena frase para enlazar todo lo que estamos viviendo como sociedad. Martel también insistió en que estas luchas, por más difícil que parezca, tienen que ser con una sonrisa en el alma y en el rostro, porque no hay nada más importante que la felicidad (algo que los que están al mando odian profundamente), y por eso, momentos tales como el que se vivió en esa Feria Invierno son importantísimos para la cultura. Personalmente no soy de los humanos que más esperanza tiene en el futuro, pero si quiero cambiar algo y dejar al menos un grano de arena, es este medio y estas palabras que escribo para quizás encontrarte a vos del otro lado y darte esa mínima esperanza de que todo va a estar bien.

Lucrecia firmando y sellando su libro Un Destino Común

Al término de la charla, Martel y Rey se sentaron en una sala anexa a firmar y dejar una estampa en cada libro de “Un Destino Común”, actividad que están haciendo en diferentes encuentros, algo así como para seguir alimentando todo lo que hemos hablado. En este momento, solo pienso en todo lo que acabo de escuchar y en el futuro que me depara a mí, a Sofi y a nuestro hijo, en qué heredará y qué le enseñaremos para seguir mejorando. Me topo con Lucrecia, sentada con una gran sonrisa. Nos mira y mira la panza y se ríe. Nos pregunta nuestros nombres y le digo “Agus, Sofi y Pipe, que esperemos que el futuro sea mejor para él”

Para Agustín, Sofi y Pipe.
(Paciencia Pipe)

LM
Mar del Plata, junio de 2026

Esta vez, ese film imaginario que me invento de tanto en tanto tuvo realmente la escena que significaría un impacto en mi vida.