Casi 20 años separan "Once" de "Power Ballad" y en el medio de estas dos décadas existen las afamadas "Begin Again", "Sing Street" y "Flora and Son". Claro, es una lista de los filmes más populares y aclamados por la crítica y el público del queridísimo John Carney. Pero no es solo esto, existe una enorme conexión entre todas ellas y es la fórmula que al director irlandés le ha funcionado tan bien: combinar la música con los vínculos humanos, ya sean por amor, amistad o lazos familiares. Y aunque suene una combinación repetitiva en los papeles, lo que hace el cineasta siempre funciona y este último estreno no es la excepción.
En "Power Ballad" seguimos a Rick (Paul Rudd), el líder de una banda que toca en casamientos. Un tipo de familia con un pasado más "exitoso" según términos artísticos que el mismo adopta, ya que formaba parte de una banda exitosa que terminó abandonando en cierto punto de su vida. Por otro lado tenemos a Danny Wilson (Nick Jonas), quien hace las veces de esta especie de reflejo juvenil de Rick: un artista sumamente exitoso pero que hace un tiempo no puede conseguir un gran éxito. Por supuesto sabemos perfectamente a dónde se dirige el filme y tras una noche de ambos juntos, compartiendo unas cervezas, sus secretos más íntimos y zapando por horas, el veterano le canta una pequeña canción que había escrito pero jamás terminado. Seis meses después, Danny Wilson vuelve a pegarla: "How to Write a Song (Without You)" es un hit mundial y lo posiciona como el cantante más escuchado de todo el mundo. Y claro, esa canción es en realidad la obra sin terminar de Rick.
Con este plot en mente, la película se mueve con un objetivo claro y es que ambos protagonistas vuelvan a encontrarse para que se encuentre una explicación de por qué uno le robó una canción al otro y lo traicionó, aún cuando habían pasado una gran noche de amistad juntos. Por un lado, Rick no encuentra ninguna prueba de que la haya escrito él y por el otro Danny, apañado por su representante, se hace el desentendido. Pero "Power Ballad" es una grandísima película y no precisamente por la premisa principal que, a decir verdad, se siente muy predecible. Lo es porque Carney hace algo tan maravilloso como natural en todas sus cintas y es retratar la música como un personaje que llega para unir y para demostrar las emociones más ocultas.
-¿De quién habla?
-De la misma chica de todas las canciones.
El gran valor de la filmografía musical de John Carney yace en otro lado más que en el plot principal. Si hacemos un breve repaso por las que mencioné en el primer párrafo, en todas más o menos podemos imaginar qué sucede con sus personajes y cómo se desarrolla todo, pero lo que hace brillar al director irlandés es cómo conecta a sus protagonistas y siempre lo hace mediante la música, uniendo personas que están un tanto perdidas o desconectadas de sus vidas, tratando de conectar con otros. En todos los escenarios, las canciones son fundamentales para sanar viejas heridas y reconstruir vínculos rotos y, por supuesto, "Power Ballad" no es la excepción.
En su reciente estreno la problemática principal gira en torno a una canción robada (tal y cómo indica su título en español "Letras Robadas" :) ) pero lo que verdaderamente importa es lo que significa esa balada: en el primer encuentro entre Rick y Danny, entre zapadas y charlas, hablan sobre en quién piensan cuando escriben. El veterano confiesa que habla de la misma chica en todas las canciones, mientras que el joven piensa en Marcia, su novia actual de la cuál está enamorado. Cuando la estrella pop se roba las estrofas, lo hace pensando y cantándola como una canción de amor hacia una pareja y el mundo entero así lo interpreta, excepto el autor original.

El personaje de Paul Rudd persigue durante toda la cinta al de Nick Jonas en busca de una respuesta o de algún tipo de crédito, pero termina encontrando algo más valioso: que la verdad está con él y eso no se lo puede sacar nadie. Porque la verdad detrás de "How to Write a Song (Without You)" es que la escribió pensando en su hija de dos años, cuando se moría de miedo de todo lo que podía pasar. La chica de la que habla en todas sus canciones es Aja, su ahora hija adolescente, un amor y un sentimiento que Danny aún no ha experimentado y esto, al fin y al cabo, reconforta al veterano cantautor, haciendo las paces consigo mismo y dejando atrás el veneno de no saber si haber abandonado su banda por su familia era la decisión correcta. Hace las paces con su propia vida, siguiendo adelante.
"Bueno, eso es lo que puede hacer una buena canción, ¿no? Tiene la capacidad de significar cosas muy distintas para personas muy diferentes"
Así concluye el filme, con una presentación más en una boda con la banda de Paul Rudd, hablándoles a los jóvenes que se casan. Termina con esa poderosa frase que se puede extrapolar a cualquier tipo de arte en esta vida: la música, las películas, las pinturas o lo que se te ocurra puede significar cosas muy diferentes para cada uno y pegarles en un costado diferente. En mi caso, no pensaba que esta cinta me gustara tanto, pero tengo un pequeño hijo de solo un mes y a mí, a mis 32 años y en esta situación, me golpea donde más duele: en los miedos más profundos, algo que hace 5 o 10 años probablemente no fuera así.
¿Está mejor una posición que otra? ¿Hay algo que esté bien o mal? No, en absoluto. Cada uno puede decidir qué y cómo consumir arte y cada quién tendrá un motivo por el cual lo hace.