Si una palabra define la película “It Was Just an Accident” es memoria. La sensitiva, la colectiva; la tangible. Es que tanto los personajes ficcionados en este film como el propio director Jafar Panahi sufrieron en carne propia las atrocidades e injusticias de las autoridades iraníes por “atentar contra su régimen” sólo por marchar o hacer una película. Esta poderosa cinta, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y la gran favorita para llevarse el galardón como Mejor Película Extranjera en los Óscar, es un relato crudo teñido de thriller dramático con tintes de comedia sobre la corrupción y negligencia que azota el mundo entero. A pesar de las miles diferencias culturales que un pueblo como el latinoamericano y el iraní pueden tener, hay muchas similitudes insólitas que se repiten en uno u otro lado (y, lamentablemente, todas las malas). Panahi retrata una serie de eventos de forma tan ingeniosa, con diálogos filosos e inteligentes y hasta con sonidos y colores que nos hablan sin hablar, una historia oscura y tristísima que no sólo queda en la ficción. Por supuesto, este artículo contiene spoilers.
Plano secuencia inicial: nos situamos en un auto destartalado manejado por un hombre, acompañado por su mujer embarazada y su pequeña hija en el asiento trasero mientras juega. Diálogo va, diálogo viene, el conductor atropella un animal. Mientras frena y baja a ver, sólo escuchamos los sonidos agonizantes de un perro que, por desgracia, muere. En esa escena, las luces traseras del auto iluminan el rostro avejentado de nuestro protagonista y queda marcado; sabemos muy bien que ese color es advertencia, es culpa, es peligro. El conductor vuelve al auto y su pequeña hija, con total inocencia, incrimina al padre hablando de que mató al perro, mientras que la madre dice que “por algo el Señor puso a ese perro en el camino” y que “fue sólo un accidente”. Metros después, el automóvil se rompe y justo donde se queda, un hombre lo auxilia arreglando el motor con algo provisorio. El plano secuencia inicial termina ahí, pero comienza la verdadera historia: en ese lugar hay otra persona, Vahid (Vahid Mobasseri), quien apenas oye caminar al padre de familia su rostro cambia por completo y el pánico lo envuelve, como si de un demonio se tratara. Se esconde e intenta verlo a lo lejos, pero sin éxito y ya la pregunta está puesta implícitamente: ¿qué relación hay entre ambos? ¿qué pasó? ¿de dónde se conocen?. Entonces, la historia avanzará con esta base ya propuesta y con la que uno comienza a escuchar, poco a poco, qué sucedió.
En “It Was Just an Accident” se nos cuenta que Vahid teme a esta persona porque se trata de Eqbal, un cruel torturador de las autoridades de Irán y que lo reconoce instantáneamente por el ruido que hace su pierna postiza, un sello característico de este tirano al que apodaban “Pata de Palo”. Vahid, consumido por la venganza, lo secuestra y tiene la intención de enterrarlo vivo sin mucha mediación, pero tras los gritos de súplicas del hombre diciendo que se está equivocando, primero quiere asegurarse de que esa persona sea la que él cree que es, entonces comienza a buscar personas con las que compartió la prisión para que lo ayuden a identificarlo y así, conforma el “selecto grupo” con una pareja que está por casarse, la fotógrafa de la boda y su expareja, todos (o casi todos, menos el futuro esposo), pasaron por las cruentas tortugas de este tal Eqbal. Ahora la historia se debate entre la moralidad de encontrar la identidad de este tipo, y si fehacientemente es quien creen que es, ¿qué harán? ¿Se convertirán en la misma clase de basura humana que él o serán mejores personas? ¿él saldrá como si nada y no habrá justicia? ¿Qué es la justicia en todo caso?. Probablemente, nada de lo que hagan les hará recuperar el tiempo infernal que pasaron durante su estadía en la cárcel sólo por haber marchado por un salario mejor, y nada justifica los actos malévolos que este torturador tuvo para con ellos. Todo el metraje se debate entre estas cosas y no contaré la conclusión porque sería demasiado y, al fin y al cabo, no lo “importante” en la historia, si no cómo cada personaje de este grupo debate y pone al frente su postura ante la crueldad humana y nosotros como espectadores internamente tomaremos una postura ante esta situación.
Como dije al principio, la película es un thriller dramático pero que tiene espacios abiertos para algunos pases de comedia, como la corrupción teñida ya de una sátira como un policía pidiendo una coima con un posnet para pagar con tarjeta de crédito en medio de la calle. Y su punto más fuerte son las conversaciones tan profundas y filosóficas pero no rebuscadas; son charlas que uno puede tener con algún conocido. Es la cotidianeidad a pesar de la pesadilla la que hace que empaticemos y nos sintamos identificados a pesar de los miles de kilómetros de distancia que nos separan (literalmente y culturalmente) entre audiencia y personajes. Y es terriblemente triste que lo que nos une sea la injusticia de un mundo cruel que parece no cambiar nunca en ningún lado, en el que estamos condenados a presenciar o ver actos tan denigrantes y escandalosos por el resto de nuestras vidas. De hecho, el propio director Jafar Panahi fue encarcelado en Irán durante más de 90 días, condenado en tres ocasiones y retenido por 14 años para que no pueda salir de su país. Su caso conmocionó al mundo porque se lo acusaba de “atentar contra el régimen iraní”, cuando estos cargos eran totalmente ficticios y exagerados: lo único que había hecho fue marchar en una ocasión y otras por hacer películas que, según las autoridades, eran propaganda anti régimen. Una paparruchada total que parece sacada de una comedia, pero que le sirvió al propio cineasta para retratar varias historias y, entre ellas, esta genial obra que está recorriendo el mundo entero y causando estragos.
Entonces vuelvo al punto de utilizar la palabra memoria: es la memoria que sensorial la que nuestros personajes activan cuando reconocen a su captor por las heridas de su pierna, su olor y el ruido que hacía al caminar; es la propia memoria del director plasmada en su arte para que estas cosas no se olviden nunca en la vida y perduren en el tiempo contra cualquier tipo de gobierno. Y es la memoria que no debemos perder nosotros como espectadores y ciudadanos cuando las cosas vuelvan a repetirse y sabemos cómo puede terminar todo.