En muchas ocasiones, cuando pensamos en el género coming-of-age y cuáles son las películas que lo identifican, muchas de esos grandes films han quedado en el pasado o directamente retrataron otra época u edad. ¿A qué me refiero? Es difícil encontrar ejemplos que te hablen -casi- directamente a vos, sea por gustos, por las cosas que pasa ese personaje, por edad o el tiempo dónde transcurre; quizás algunos de los ejemplos que me gusta citar de los últimos años sean "The Perks of being a Wallflower", "Frances Ha" y la producción argentina "Alemania". Sus personajes, indistintamente del sexo, atraviesan el paso a la adolescencia, la adolescencia misma y los 30 y tantos años (¿adulto o no?), en épocas parecidas a las que yo viví (sí, sufro la crisis de los 32 años). Mi infancia fue durante los 90/00s, mi adolescencia durante 2008 y esos años donde todo parecía florecer y hoy me encuentro divagando entre mis deseos y responsabilidades. A esta lista tengo que sumarle una nueva: "Mile End Kicks" de Chandler Levack.

Imperfectamente, la película escrita y dirigida por la canadiense Levack explora los primeros sueños, los ideales y las consecuencias de idealizar el primer amor. Me refiero a imperfectamente porque los lugares comunes de las típicas coming-of-age o comedias románticas están por doquier; sabés cómo puede terminar cada historia que se abre a medida que avanza la cinta. A pesar de esto, la fórmula no cansa y la repetición no la hace aburrida, sigue su rumbo natural hacia donde sabemos que llegará con comedia y ternura. Nuestra protagonista es Grace Pine (Barbie Ferreira), una adolescente de 20 y tantos años que trabaja como periodista y crítica de música y siente una pasión desmedida por Alanis Morissette, un ejemplo a seguir en su vida. Su vida actual en Toronto la aburre y, como cualquier adolescente, quiere perseguir su sueño: en este caso, escribir un libro sobre su ídola y el álbum Jagged Little Pill. Para ello, se muda a Montreal, específicamente a Mile End, un barrio bohemio, vibrante y fresco, donde la juventud y la movida indie de ese 2011. Esta sensación de ser el centro del universo y que todo conspira a tu favor se derrumba fácilmente como a todos nos ha pasado: mudarse a otro lado tiene sus consecuencias, a veces los sueños no son tan fáciles de cumplir y las personas que conocemos no terminan siendo como uno cree. Son pasos naturales de la vida y con esa naturalidad es en la que se mueve "Miles End Kick".

Grace comienza su travesía con entusiasmo, haciéndose amiga de la persona que le alquila una habitación y conociendo una banda llamada Bone Patrol, de aires indies y aires parecidos a Pavement aunque su cantante reniegue de la comparación como un insulto; acá conocemos a los otros protagonistas: Chevy (Stanley Simons) vocalista y líder del conjunto, con aires de alternativo y snoob, rechazando las comparaciones populares y siempre jugando a ser el enigmático. Por otro lado, está Archie, guitarrista y de una sensibilidad mayor. Por supuesto que Grace se enamora de líder, el que parece super canchero pero solo es un poser, mientras que juega a la amistad con el sensible (esta es una de las marcas registradas de este género y sabemos con quién terminará). Aún con esto dicho, el aire fresco de la juventud y de que todo puede ser posible en esta vida se respira en cada segundo, ese mismo aire que todos hemos experimentado alguna vez. Vemos en Grace cometer los errores que cometimos nosotros pero que son cruciales para el crecimiento personal (dah, por eso es una coming-of-age) y especialmente a los que amamos la música y este estilo, veremos algo tan hermoso y sensible detrás.

De las cosas más curiosas que me genera Mile End Kicks es la doble nostalgia: nostalgia por la adolescencia eterna en un 2011 donde el mundo parecía estar en su mejor momento y nostalgia de la niñez noventera, jugando a un paralelismo bastante claro con "Almost Famous", la "prima mayor" de esta cinta. Y es que los ideales y sueños no tienen época ni fecha de caducidad, ya que los hayamos cumplido o no, siempre estarán con nosotros esos días en los que quisimos convertirnos en algo que anhelamos tanto y el universo parecía abrirse paso con nosotros. Además y probablemente lo más interesante de esta cinta es cómo Chandler Levack plasma inteligentemente la presencia masculina tóxica en lo laboral y en las relaciones; adultos y adolescentes no son responsables de sus acciones y someten -con o sin intención- a las mujeres alrededor. Lo vemos en el jefe de Grace que piensa en ella solo como un juguete sexual cuando su inteligencia le permitió escribir más de 400 artículos, en sus compañeros de su último trabajo tratándola mal o en el propio Chevy jugando a ser el diferente y lastimando a una persona que quiere tener una relación con él. Pero también es interesante por cómo muestra que el deseo o anhelo puede convertirse en arrogancia e imprudencia, ya que la protagonista no toma dimensiones de cómo sus decisiones afectan a su alrededor: ya sea al acuerdo con una editorial para publicar su libro, con su roommate o su propia madre. Lo vuelvo a repetir: el universo en ese momento parece nuestro para jugar como querramos, pero no lo es y la cineasta canadiense lo replica muy bien.

Si lo que buscás es una cinta fresca de este género, con una hermosa banda sonora y soundtrack original, Mile End Kicks es tu película. Por supuesto, esta opinión y reseña es totalmente personal ya que a mi me resuena mucho más por haber estudiado periodismo y pensar que iba a cambiar el mundo con mis ideales (spoiler alert: no sucedió... aún), pero el deseo sigue intacto y esta cinta revolvió profundamente en el cajón de los recuerdos, bellos momentos que aún siguen ahí.